Todavía recuerdo los gritos.
-¡Por favor, paren esto! ¡Siento que voy a morir.-...
La tarde comenzó tranquila. Verano, cielo despejado. Estábamos en la casa de Paty jugando un poco con el hula.
-Hay que hacer algo divertido. ¡Vamos a la feria esa del malecón!- dijo casi a gritos.
Las cuatro estuvimos de acuerdo.
Decidimos premiar nuestro buen comportamiento con un buen monchis, así que fuimos por unos raspados que estaban cerca del lugar. Deliciosos.
Fumamos unos porros antes de aventurarnos en lo que se convertiría la peor experiencia de nuestras vidas.
El destino nos avisó desde antes de entrar al lugar.
Había cagada ya no se de qué tipo de animal en cuanto nos sentamos. Un nido de arañas bebés asesinas, toma esa. Todo avisaba que no deberíamos de entrar ahí.
-Esta experiencia nos hará más amigas- dijo Lucía.
Todas sonreímos.
El piso comenzó a desaparecer de mi vista. La adrenalina aumentaba cada vez y más rápido. Había alguien en la parte de abajo que se reía de nosotras. Los gritos habían iniciado.
-¡Soy muy joven para morir! ¡Ya no quiero estar aquí¡-
-Esto va a terminar rápido Paty, no te preocupes, ahorita vamos a salir de aquí.-
Y en eso, cuando menos lo esperábamos, el celular de Regina explotó. Pensamos que era el fin.
Todo estaba de cabeza y podía ver el júbilo en los ojos del maldito que manejaba la máquina en la que nos encontrábamos atoradas.
-¡Para esto madafaker¡ ¿Nos quieres matar o qué?- gritos por todos lados, no éramos las únicas.
Después de lo que para mi fue una eternidad, pisamos tierra. Quería vomitar.
-Jamás les vuelvo a hacer caso perras. Les dije que no me gustaban los juegos de la feria.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario